miércoles, 6 de octubre de 2010

Canto Malabar. (Fragmentos) Autor: Elsa Cross

I

La tarde entera se vencía al paso del viento.
Como arcos se doblaban los árboles
y una flecha imprevista me daba al corazón.
Deambulé por aquellas calzadas
donde tanta vida cimentaron tus pasos.
El viento alzaba tolvaneras en medio de los campos,
trastornando a esos pájaros rojos,
borrando campamentos de insectos en las grietas.
La tierra pone polvo en mis labios — su ofrenda.
Y mi ofrenda a las estatuas que guardan el camino
¿sólo palabras?

Estaba junto al baniano
aquella tarde en que el zureo de las tórtolas
volvía insoportable tanta belleza.
Estaba junto a la estatua de Yama, Señor de la Muerte,
montando su búfalo negro mientras Savitri
le arrebataba con argumentos la vida de su amado.
Tanta belleza a punto de morir.
Te vi por última vez allí, desde el baniano.
Inmenso como era el viento lo había descuajado
y las ramas que cayeron a tierra echaron raíces.

¿Adonde van los sueños cuando uno despierta?
Silencio a media voz, disipación del tiempo—
la muerte indecisa:
un murmullo que cruza en el estanque.
Tus brazos me rodean entre el sueño.
Tus brazos se disuelven en la nada.
Como árbol arrancado de un sedimento pobre.
Y en todas partes abundancia, vidas en flor.
Discurrir de insectos, zumbidos de abejas,
tus mieles que me ahogan.

Sin que lo sepa aún, envuelta en tu éxtasis
despierto, y tú te vas hundiendo en el silencio,
como esas capas de luz a punto de borrarse
fulguran todavía entre sus oros
antes de ir desertando la montaña,
la charca, el río, el campo abierto.
Sin saber en qué orilla del sueño, oigo a la vez
'dejó su cuerpo' — y los cantos a lo lejos.
Todo se detiene en tu silencio.
En mí tu imagen, ungida como una estatua,
tu mirada vuelta al infinito.

¿Quién despertó hacia qué? ¿Quién era el que soñaba?
La luz abrió en el tiempo una ráfaga oscura;
jugaba en los párpados.
La luna entera se derramó sobre el campo.
Y esa agua sobre la almohada como ambrosía,
pues al tiempo en que te duermes para siempre
despierto con un jugo muy dulce entre los labios,
exaltada en un gozo que fulgura en mi cabeza,
se enciende en mi espalda como anguilas.
Afuera la luna llena, músicas perdidas.
Tus ojos desde el fondo de una noche sin pausa.