martes, 28 de junio de 2011

El Día Que Me Quieras. Amado Nervo.

El día que me quieras tendrá más luz que junio;
la noche que me quieras será de plenilunio,
con notas de Beethoven vibrando en cada rayo
sus inefables cosas,
y habrá juntas más rosas
que en todo el mes de mayo.

Las fuentes cristalinas
irán por las laderas
saltando cristalinas
el día que me quieras.

El día que me quieras, los sotos escondidos
resonarán arpegios nunca jamás oídos.
Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras
que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras.

Cogidas de la mano cual rubias hermanitas,
luciendo golas cándidas, irán las margaritas
por montes y praderas,
delante de tus pasos, el día que me quieras...
Y si deshojas una, te dirá su inocente
postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente!

Al reventar el alba del día que me quieras,
tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras,
y en el estanque, nido de gérmenes ignotos,
florecerán las místicas corolas de los lotos.

El día que me quieras será cada celaje
ala maravillosa; cada arrebol, miraje
de "Las Mil y una Noches"; cada brisa un cantar,
cada árbol una lira, cada monte un altar.

Transmútase Mi Alma. Ramón López Velarde.

Transmútase mi alma en tu presencia
como un florecimiento,
que se vuelve cosecha.

Los amados espectros de mi rito
para siempre me dejan;
mi alma se desazona
como pobre chicuela
a quien prohíben en el mes de mayo
que vaya a ofrecer flores en la iglesia.

Mas contemplo en tu rostro
la redecilla de medrosas venas,
como una azul sospecha
de pasión, y camino en tu presencia
como en campo de trigo en que latiese
una misantropía de violetas.

Mis lirios van muriendo, y me dan pena;
pero tu mano pródiga acumula
sobre mí sus bondades veraniegas,
y te respiro como a un ambiente
frutal; como en la fiesta
del Corpus respiraba hasta embriagarme
la fruta del mercado de mi tierra.

Yo desdoblé mi facultad de amor
en liviana aspereza
y suave suspirar de monaguillo;
pero tú me revelas
el apetito indivisible, y cruzas
con tu antorcha inefable
incendiando mi pingüe sementera.

viernes, 17 de junio de 2011

Balada de la Casa II. Ricardo Dávila Diaz Flores.

Estábamos tan bien ahí...
el árbol, el agua y nosotros tres.
Comíamos juntos toda la semana,
nos reíamos repartiendo disparates en la mesa.

A ellas las vi desde niño...
jugábamos a brincar en las camas y a escuchar detrás de las paredes.
El árbol hacía magias que nosotros descubríamos:
“Ya vimos la moneda, cayó detrás de la cama”.
Y el árbol se caía sobre sus ramas
mientras el agua dejaba su mirada en el paisaje.

Un día salí para mirar el cielo,
y cuando volví ya habían cambiado.
Pasaban horas frente al espejo,
hablando de cosas que yo no entendía.

Después llegaron dos hombres
que venían a conquistarlas.
Ellas llevaban el rostro diferente,
y aquellos jóvenes mostraban rostro de hombres afeitados.
Después las raíces dispersaron su semilla,
y otros fueron agregándose a la casa.
Hubo que volver a ser niño,
porque llegaban a la mesa
nuevas voces de infancia.
Así la casa tuvo un nuevo brillo,
y otra vez hubo risillas que brincaban en las camas.

Pero el tiempo, siempre el tiempo...
pasó la vida...
tuvimos que hacer un silencio prolongado,
para entender que no todo es para siempre...
quedamos solos,
abandonados de algo,
alejados de nuestro centro.
El árbol se quedó sin agua,
"muriendo de pie", como dicen.

La casa lleva meses callada.
Pero el árbol, lleno de silencios y memorias,
dice que a veces,
sólo a veces,
nos mira en ella,
escuchando detrás de las paredes.

El Mismo Nombre. Ricardo Davila Diaz Flores.

Tanto tiempo buscándola y ella estaba aquí,
en mis ojos cerrados,
en la noche sola;
aquí,
detrás de lo visible,
en la edad antigua de la niebla.
La amé ese día por toda la eternidad.
Yo llevaba un ramo de palabras cuando caminé hacia ella.
-No las pondré en agua -me dijo-, ni he de secarlas para el recuerdo.
Se morirán cuando las toque el aire.

Nos vestimos con fuego
y levantamos nuestros cuerpos con el viento.
- Te haré un vestido de tierra -le dije-,
con la humedad del mar lo zurciré y con la piel de cielo.
- Aquí no existen las palabras –insistió-.
- ¿Y en dónde sí?-le pregunté-.
- Allá, en la mentira.
La amé ese día, todo el día,
en la niebla, en la nada.

Quise hablar,
en verdad deseaba curar mi voz en su alma.

- Silencio- me dijo-, en mis ojos están todas las cartas de amor
que se han escrito sobre la tierra.

La amé ese día,
y era mía como la vida misma,
pero me atreví a preguntarle su nombre.
-¿Eres mío, y no sabes que mi nombre es el tuyo?
¡Despiértate! No me volverás a ver.

miércoles, 1 de junio de 2011

Siempre Estoy Pensando en Tí, Juan Gabriel.


Yo no se que voy hacer
siempre estoy pensando en ti
ya me estoy envejeciendo
de tanto estarte esperando
de tanto pensar en ti 
yo se bien que no vendras
que ya tienes otro amor
y que eres muy feliz...
yo no encuentro la manera
de olvidarte para siempre
siempre estoy pensando en ti
siempre estoy pensando en ti
dia y noche vida mia
yo te quiero todavia
para que voy a mentir...
yo no se que voy hacer
si tu ya no eres mia
cada instante de mi vida
siempre estoy pensando en ti...
siempre estoy pensando en ti
dia y noche vida mia
yo te quiero toda via
para que voy amentir
yo no se que voy hacer
si tu ya no eres mia
cada instante de mi vida
siempre estoy pensando en ti...