sábado, 31 de marzo de 2012

Un Rinconcito Para El Alma. Isabel.

No puedo retroceder en el tiempo,
excepto en la mente
Puedo elegir revivir el ayer si lo deseo
Pero eso me roba momentos preciosos de hoy,
momentos que una vez que pasan no se pueden recuperar
De modo que dejo atrás el ayer y vuelvo toda mi atención al momento presente
Este es mí momento especial, y lo disfruto
Este es un nuevo día, un dia que nunca he vivido antes
Vivo en el Ahora y disfruto de cada momento
La vida me proporciona todo lo que necesito en el tiempo y orden correcto
Encuentro amor y bienestar en todas partes.
Chabela ♥

miércoles, 28 de marzo de 2012

Una Advertencia. Daniel García Helder

Una alambrada donde se cruzan
tallos de distintas zarzas y unas pocas
cañas emergen con sus penachos entre flores
acampanadas, tampoco muchas, de un color
que remeda al lila, pero que es silvestre.

Hay un grupo de estatuas entre los arbustos
del que la niebla apenas perdona las cabezas.
A ratos se alzan voces de gaviotas y un gas
como de harinas en putrefacción que se dilata,
y a cada oleada sigue otra más picante.

Una advertencia a los que crucen este parque
y restando poder a la humedad v al suelo
quieran hacer un alto para atarse los cordones,
prender un cigarrillo, fumarlo, cualquier cosa:
acá los pies echan raíz al menor signo de parálisis

y ya las rodillas se ponen rígidas, la boca
es cerrada por una corteza que sube, áspera,
desde los hombros y el tórax; manotear algo
a qué aferrarse no sirve de nada: los brazos
flexibles se tuercen en troncos que se ramifican

y borrando toda huella de una vida pasada
de miles de brotes en silencio rápido
salen las primeras hojas.

viernes, 16 de marzo de 2012

Fé de Vida. Luis García Montero.

Nadie sabrá las veces, las mil veces,
después de la tristeza o de la humillación,
que envidié la sonrisa de los cínicos,
esa distancia fría de sus labios
ante la realidad. Son como estatuas
sobre el declive amargo del otoño,
y en las seguridades de la piedra
no conciben el riesgo de la fe,
la luz que se hace vida, pero luego
puede sentir la mordedura,
el veneno amarillo
de la vejez, la quiebra y el ridículo.

No conciben heridas. Será porque recuerdan
la pureza metálica del justo
que agita su sermón
más allá de las dudas y de las decisiones,
clamando contra el filo de los sueños,
contra la incertidumbre,
sin asumir ninguna
responsabilidad en la quietud,
con su orden de muerte y de injusticia.

Al caminar un día
sobre los arrabales de la Historia,
mientras la luz deshecha buscaba solidez
en el cemento y en los vertederos,
sentí -igual que se perciben
las inquietudes y los atardeceres-
que la verdad abstracta
es ligitimación de la mentira.
Y no pude salvarme, ni ser puro,
ni sonreír con labios de distancia.
No me quedé en los márgenes,
ni en mesas de camilla,
ni en la capa del noble, ni en la canción del infierno.

Pero la luz se enfría débil sobre los campos
y quien regresa siente las manchas de la tarde.

Nadie sabrá jamás
las veces, las mil veces,
que envidié la sonrisa de los cínicos,
la pureza metálica del justo,
después de los regresos y de la humillación,
al sentirme manchado por la luz
y al conservar en la memoria,
en la izquierda vacía de mi cama,
como la sombra hiriente del cuerpo que se ha ido,
la memoria dudosa y palpitante
de algún amanecer.

Porque tal vez la vida
sólo nos quiere dar
aquello que después sabe quitarnos.