martes, 15 de marzo de 2011

Ultimo Deseo. Gonzalo Osses Vilches

Ha muerto el hombre que yo fui,
te lo prometo,
incluso siento pena por él;
tan falso,
tan cruel,
tan bohemio,
tan absurdo en su vivir,
tan grotesco.

Ha muerto hoy,
pero es para mejor.
Rescatemos de él lo poco que era verdadero;
el amor por su trabajo,
su falta de dinero,
la pasión con la que de ti
me hablaba a cada momento.

Murió, pero se fue contento.
En sus labios tenía tu nombre,
junto al sabor de la culpa,
en sus ojos,
el paisaje más sereno y en su boca
un último deseo:
darte al volver un abrazo sincero.

Y yo, que soy quien escuchaba
su añoranza por tus besos,
debo esperar tu regreso,
tras ocho meses de silencio,
darte el abrazo que te debo
y dejar atrás al que ha muerto.

No lloraré,
ya habré llorado todas las lágrimas
que le debía a la vida.
No dudaré,
las dudas no existirán
si veo en ti una mínima sonrisa.
No soñaré,
pues mi más grande sueño
se estará cumpliendo.
Y renaceré,
para reinventar el amor
que había inventado para ti.

Sí, porque a partir de hoy,
te amaré por los dos,
pues te confieso que yo,
cuando él me hablaba de ti,
también...
¡también te amaba en silencio!