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Héctor Urruspuru...las cartas de las que hablo...

Las cartas de las que hablo son azules y son lacradas se guardan en casilleros con llaves de hielo y no les llega la humana inmisericordia estas cartas íntimas, son prohibidas están censuradas vedadas a la vista poderosa del cuervo crítico que devora todo aquello que no es blanco - y solo porque él es tan... tan negro - y la lluvia ácida de su orín no borra las letras de oro de éstas cartas nunca más - dijo el cuervo, nunca más - y tu nombre en ellas esta a resguardo de la belleza tonta, recurrente del que escribe sobre las olas del mar de la gaviota idiota de la belleza histérica de la mariposa kitsch de la palmera centroamericana del “oh! pez dorado! pez dorado...!” las fotos de la niñez... tu nombre mi gran amor último amor solo lo digo con honor aquí, en los márgenes tu nombre no esta imbuido por la inmoral luz del sol la patria de este tipo de bellezas obscenas tiene una bandera que uso para limpiar heces calientes los vómitos ambarinos de la embriaguez las horas insoportables en ...

Mis Impulsos Sobre Ti. Aleks Syntek.

Voy tratando de cambiar mis impulsos sobre ti y no voy a permitir que me traicione el corazón voy tratando de cambiar para hacerte más feliz no podría continuar si no te tuviera aquí Y alejarme, significa un suicidio yo te amo más que a nadie y sin ti jamás viviré Y alejarme, significa un suicidio yo te amo más que a nadie y sin ti jamás viviré Todo cambia de color cuando estas cerca de mí porque llenas mi interior y me arrancas el amor No quisiera ni pensar lo que me podría pasar si intentaras terminar para mí no hay nadie más Y alejarme, significa un suicidio yo te amo más que a nadie y sin ti jamás viviré Y alejarme, significa un suicidio yo te amo más que a nadie y sin ti jamás viviré Yo te amo más que a nadie Yo te amo más que a nadie Y sin ti jamás viviré Yo te amo más que a nadie Y sin ti jamás viviré Aleks Syntek: Siempre intento olvidarte y te vuelvo a encontrar siempre en cada rincon y debajo del mar Si me voy del planeta eres estrella fugaz si en las noches yo duermo en mis ...

En la Humedad Cifrada. Coral Bracho.

Oigo tu cuerpo con la avidez abrevada y tranquila de quien se impregna (de quien emerge, de quien se extiende saturado, recorrido de esperma) en la humedad cifrada (suave oráculo espeso; templo) en los limos, embalses tibios, deltas, de su origen; bebo (tus raíces abiertas y penetrables; en tus costas lascivas -cieno bullente- landas) los designios musgosos, tus savias densas (parva de lianas ebrias) Huelo en tus bordes profundos, expectantes, las brasas, en tus selvas untuosas, las vertientes. Oigo (tu semen táctil) los veneros, las larvas; (ábside fértil) Toco en tus ciénagas vivas, en tus lamas: los rastros en tu fragua envolvente: los indicios (Abro a tus muslos ungidos, rezumantes; escanciados de luz) Oigo en tus légamos agrios, a tu orilla: los palpos, los augurios -siglas inmersas; blastos-. En tus atrios: las huellas vítreas, las libaciones (glebas fecundas), los hervideros.

ODA XIII - DE LA VIDA DEL CIELO. Fray Luis de Leon.

Alma región luciente, prado de bienandanza, que ni al hielo ni con el rayo ardiente fallece; fértil suelo, producidor eterno de consuelo: de púrpura y de nieve florida, la cabeza coronado, y dulces pastos mueve, sin honda ni cayado, el Buen Pastor en ti su hato amado. Él va, y en pos dichosas le siguen sus ovejas, do las pace con inmortales rosas, con flor que siempre nace y cuanto más se goza más renace. Y dentro a la montaña del alto bien las guía; ya en la vena del gozo fiel las baña, y les da mesa llena, pastor y pasto él solo, y suerte buena. Y de su esfera, cuando la cumbre toca, altísimo subido, el sol, él sesteando, de su hato ceñido, con dulce son deleita el santo oído. Toca el rabel sonoro, y el inmortal dulzor al alma pasa, con que envilece el oro, y ardiendo se traspasa y lanza en aquel bien libre de tasa. ¡Oh, son! ¡Oh, voz! Siquiera pequeña parte alguna decendiese en mi sentido, y fuera de sí la alma pusiese y toda en ti, ¡oh, Amor!, la convirtiese, conocería dónde sestea...

El Día Que Me Quieras. Amado Nervo.

El día que me quieras tendrá más luz que junio; la noche que me quieras será de plenilunio, con notas de Beethoven vibrando en cada rayo sus inefables cosas, y habrá juntas más rosas que en todo el mes de mayo. Las fuentes cristalinas irán por las laderas saltando cristalinas el día que me quieras. El día que me quieras, los sotos escondidos resonarán arpegios nunca jamás oídos. Éxtasis de tus ojos, todas las primaveras que hubo y habrá en el mundo serán cuando me quieras. Cogidas de la mano cual rubias hermanitas, luciendo golas cándidas, irán las margaritas por montes y praderas, delante de tus pasos, el día que me quieras... Y si deshojas una, te dirá su inocente postrer pétalo blanco: ¡Apasionadamente! Al reventar el alba del día que me quieras, tendrán todos los tréboles cuatro hojas agoreras, y en el estanque, nido de gérmenes ignotos, florecerán las místicas corolas de los lotos. El día que me quieras será cada celaje ala maravillosa; cada arrebol, miraje de "Las Mil y una ...

Transmútase Mi Alma. Ramón López Velarde.

Transmútase mi alma en tu presencia como un florecimiento, que se vuelve cosecha. Los amados espectros de mi rito para siempre me dejan; mi alma se desazona como pobre chicuela a quien prohíben en el mes de mayo que vaya a ofrecer flores en la iglesia. Mas contemplo en tu rostro la redecilla de medrosas venas, como una azul sospecha de pasión, y camino en tu presencia como en campo de trigo en que latiese una misantropía de violetas. Mis lirios van muriendo, y me dan pena; pero tu mano pródiga acumula sobre mí sus bondades veraniegas, y te respiro como a un ambiente frutal; como en la fiesta del Corpus respiraba hasta embriagarme la fruta del mercado de mi tierra. Yo desdoblé mi facultad de amor en liviana aspereza y suave suspirar de monaguillo; pero tú me revelas el apetito indivisible, y cruzas con tu antorcha inefable incendiando mi pingüe sementera.

Balada de la Casa II. Ricardo Dávila Diaz Flores.

Estábamos tan bien ahí... el árbol, el agua y nosotros tres. Comíamos juntos toda la semana, nos reíamos repartiendo disparates en la mesa. A ellas las vi desde niño... jugábamos a brincar en las camas y a escuchar detrás de las paredes. El árbol hacía magias que nosotros descubríamos: “Ya vimos la moneda, cayó detrás de la cama”. Y el árbol se caía sobre sus ramas mientras el agua dejaba su mirada en el paisaje. Un día salí para mirar el cielo, y cuando volví ya habían cambiado. Pasaban horas frente al espejo, hablando de cosas que yo no entendía. Después llegaron dos hombres que venían a conquistarlas. Ellas llevaban el rostro diferente, y aquellos jóvenes mostraban rostro de hombres afeitados. Después las raíces dispersaron su semilla, y otros fueron agregándose a la casa. Hubo que volver a ser niño, porque llegaban a la mesa nuevas voces de infancia. Así la casa tuvo un nuevo brillo, y otra vez hubo risillas que brincaban en las camas. Pero el tiempo, siempre el tiempo... pasó la v...